El segundo disco de Leonardo Martinelli, alias Tremor, es una fascinante síntesis de electrónica experimental y música folclórica argentina. Una de las características salientes de este trabajo es el cruce y uso de objetos cotidianos, de instrumentos autóctonos y técnicas digitales. La combinación no resulta forzada ni mucho menos, al contrario: uno va perdiendo la noción de qué es qué porque el uso que hace el artista en la edición (en rol de productor) borra las fronteras entre instrumentos, objetos y samplers. Si bien toda la producción fue echa por Tremor, se percibe claramente que ésta es una experiencia grupal y no individual, como bien lo dice él en la entrevista. El hecho de que él firme no invalida que muchas de las creaciones hayan pasado por el trabajo colectivo.
En este disco Tremor (temblor, en latín e ingles) profundiza lo hecho en Landing, de 2004: toma ritmos y timbres del norte argentino y los combina con su propio mundo sonoro. Ese sonido es creado en base a varios procesos electrónicos y juegos con las técnicas digitales, sólo por mencionar algunos de sus preferidos: clicks and cuts (cortar y pegar), glitch (utilizar errores digitales), patterns construidos con acordes, y efectos que se proyectan y resultan un tejido conectivo homogéneo, y que hace de Tremor su sello distintivo. Pero también hay instrumentos “reales”, acústicos y eléctricos, que van dando diferentes matices; desde lo rítmico con el bombo (tocados por Camilo Carabajal), hasta las melodías, que son muy utilizadas y sirven de clara guía para acceder a la musicalidad exquisita de Viajante, que no siempre esta en primer plano. Aparecen teclados (por Gerardo Farez) a la par de guitarras, charangos, ronroco, samplers y sintetizadores que grabó Martinelli. Además hay músicos invitados en algunos temas, como Demián Luaces que toca el violín, importantísimo cuando aparece, más ligado a un uso “europeo” que a la chacarera que toca.
Hay en todo el trabajo un cuidado y a la vez arriesgado equilibrio en el uso de los recursos, tanto humanos y de instrumentación, como de los electrónicos y la repetición. Que quede claro: no es un disco “para bailar”, sin embargo hace “mover el piecito”, ese saludable reflejo de nuestra extremidad que se produce cuando escuchamos algo que nos afecta rítmica y emocionalmente. Y esto es algo muy grande: no abundan en la escena argentina actual los buenos discos, instrumentales y no bailables, que hagan “mover el piecito”, siendo que aparte no es un disco de jazz ni de ritmos tropicales.
Viajante está aventurado al descubrimiento en cada nuevo tema y es posible convivir en sus climas con diversas espacialidades, siempre armónicas. La calidad del audio es excelente, es un trabajo que permite muchas escuchas diferentes. Recomendamos oírlo en diferentes equipos y a distintas intensidades, hacer una escucha con auriculares (alto, pero no muy fuerte) y por qué no en un viaje.
Original, individual y universal al mismo tiempo; si pudiera preguntarse acerca de la existencia o no de una electrónica local, la respuesta podría ser Viajante.


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