La selección combina tangos conocidísimos de autoría de Discépolo, como Chorra, Yira yira o Cambalache, con otros que lo tienen como poeta (Malevaje, Cafetín de Buenos Aires o El choclo), pero deja lugar para otros no tan difundidos como Desencanto o Tormenta. Por supuesto que, tratándose de Liliana Felipe, no hay que esperar una lectura clásica ni obvia de estos tangos canónicos. Altera la armonía de Cambalache, canta Yira yira mientras la actriz Alejandra Flechner recita la letra al mismo tiempo, agrega un charango (!) a Cafetín de Buenos Aires o se toma licencias con la métrica o el fraseo en Malevaje. Liliana Felipe puede hacerlo porque es una intérprete con autoridad, sabe lo que es ser autora y puede así mover los límites de las canciones sin que dejen de ser los tangos de Discépolo. No toca el piano como una tanguera ortodoxa; ella es la heterodoxia misma.
Como siempre, escucharla cantar no es una experiencia gratis: Liliana deja el cuerpo y el alma en cada canción, es todo verdad lo que dice. Cuando uno espera que se tome más libertades, por ahí se limita a cantar y tocar lo conocido; por el contrario, las introducciones o ciertos motivos que elige para el piano son totalmente nuevos.
Si alguien esperaba un acercamiento respetuoso y prolijo, desde ya que este disco está en las antípodas. Es visceral, teatral y desmesurado. Inserta música propia o de Bach a tangos clásicos. Se va con facilidad para el lado de la milonga, el bolero o el pasodoble. ¡Seguramente a Discepolín le hubiera gustado esa desfachatez! Y, desde ya, no se parece a ninguna cantante de tango, salvo a sí misma.
El arte de tapa, relacionado con la letra de ¡Victoria! es una maravilla surrealista de una belleza poética y visual fuera de lo común. ¡Si hasta dan ganas de tenerlo siempre abierto para apreciarlo bien!
Producido por Liliana Felipe


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