Largo tiempo esperado, el sucesor de La nueva gran cosa tiene una línea muy clara en lo estético, tanto en lo que se ve, y eso incluye a los videoclips y a sus presentaciones en vivo, como en lo que se escucha. No es casual, ya que entre sus integrantes hay diseñadores gráficos. A diferencia del disco anterior, en este no hay quizás la búsqueda de un gran hit. Nuevamente la belleza lírica aparece en las baladas (si podemos llamar así a los rocks de tempo lento) y los estribillos punzantes y obsesivos se encuentran en las canciones más frenéticas, como Allá está. Un elemento infaltable en muchas canciones (y esa es una marca del grupo) es el humor y la capacidad para tirar en dos versos imágenes muy fuertes, no desprovistas de poesía e ironía al mismo tiempo: “Y vos que sos tan cool / decime si es azul / el más allá” (track 1); “En la feria jipi también hay dolor” (track 8); “El triunfo es modernidad, es el sueño devorador … / El fracaso es el juego de la eternidad / el humor sin remate de la humanidad” (track 7). Como se aprecia, hay cierta tendencia a la síntesis y a la aforística. Otras marcas del grupo, ya en el terreno de la música, es el uso de los arreglos vocales a dos o tres voces (los dos guitarristas y el baterista) y el hecho de contar no con un cantante sino con dos (Kubilai Medina y Lucas Finocchi).
Se percibe un crecimiento grupal, como si en este nuevo paso se hubieran afianzado y encontrado finalmente su propio sonido. Lo que quizás era un homenaje constante a numerosos grupos de los años sesenta, setenta y comienzos de los ochenta ahora parece haberse atenuado. Sus virtudes como intérpretes están fuera de duda, pero ahora además las composiciones suenan más genuinas, si se quiere. El disco es muy parejo, cada canción deja algo en la memoria y, como el trabajo anterior, genera adicción. Momentos altísimos dentro de ese nivel parejo son El capitán (track 2), Las cosas que fueron antes (track 9) donde brilla el órgano Farfisa comandado por Juan Ravioli y Nadie se salva (track 11).
Producido por Alfredo Calvelo y Mostruo!


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