El trío que debuta y da nombre al disco Habemus tango, es tan directo y simple como contundente a la hora de mostrar lo que son capaces de hacer en el mundo del 2 x 4. Con guitarra criolla, bandoneón y contrabajo logran darle forma a un discurso creíble y propio, sin ser pretenciosos ni despuntar vicios de virtuosismo excesivo, interpretando fluidamente las composiciones, en su gran mayoría de Diego Sandullo. En el linaje piazzolleano encuentran su raíz, de hecho reversionan un no-tan-clásico de Astor: Fracanapa; siendo este y el Ojos negros que cierra, los únicos temas que no son de los músicos.
Su lenguaje musical es ampliado en los arreglos y llevado por momentos a zonas mas libres (con cierto carácter de improvisación), y sin problemas se las arreglan para entretener con esos tres instrumentos y sus timbres, sin invitados ni sobregrabaciones en once temas y el tiempo justo. Los músicos alternan los roles solistas, creando climas, espacios, momentos muy diversos y de distinta intensidad. Son conocedores de la música ciudadana, además de una gran formación académica y exponen ambas cosas en un cruce que no abruma. A la vez que no dejan de lado cierta rusticidad o esa cosa como de milonga a altas horas de la noche, con emotividad incluida.
Melodías atrapantes y tempo medio son sus mayores herramientas de trabajo, y lo hacen muy bien.
Con sonido naturalista, con mucho aire, sin melancolía ni letras, tenemos tango para rato.
Producido por Walter Castro, Ricardo Cánepa y Diego Sandullo


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