Robert Schumann, el “músico poeta”, el prototipo del Romanticismo Alemán, escribió un concierto para piano y orquesta que hunde sus raíces en la tradición clásica más que en los conciertos escritos por sus contemporáneos. Esto, muy bien explicado por Norbert Christen en las notas que acompañan a esta edición, tiene una razón de ser. El temperamento romántico está lejísimo de las formas equilibradas del clasicismo, se desenvuelve mejor en rapsodias, impromptus, nocturnos, es decir formas sin estructuras que se repiten. De hecho, el primer movimiento de este concierto fue originalmente una “Fantasía” para piano y orquesta. Luego Schumann escribió los otros dos movimientos y se transformó en este Concierto en la menor Op. 55 que su mujer, Clara Wieck, estrenó en 1845.
El concierto de Grieg, en la misma tonalidad, es un cuarto de siglo posterior. Grieg, de quien ya hemos seleccionado para el Club del Disco un disco de piezas orquestales, incluyendo la célebre Peer Gynt, es el compositor noruego por excelencia. Sin embargo, desde el punto de vista de su formación cultural y musical, fue más alemán que escandinavo. Si bien esa diferencia puede sonar sutil desde Sudamérica en el siglo XXI, no es menor el hecho de que para todo fin (salvo el pasaporte) Grieg ha sido un compositor alemán. Este concierto es una buena muestra de ello. Tal es así, que no sólo el primer movimiento es muy parecido al de Schumann, sino que las duraciones de los tres movimientos (dato que hace al ritmo interno de la obra) son casi las mismas en los dos conciertos. Hay más lucimiento para el solista que en el concierto de Schumann, y en ese sentido está claramente influido por todo lo que ocurrió en esos 25 años de distancia entre uno y otro (nada menos que Chopin y Liszt, entre otros). Es decir, el surgimiento de pianistas de una técnica asombrosa, la constante mejora de la mecánica del instrumento y el surgimiento de obras de mayor complejidad y dificultad, todo en un mismo combo difícil de separar.
Grabados por un Krystian Zimerman aún veinteañero, estos dos conciertos parecen hechos a la medida de la Filarmónica de Berlín que dirigía Herbert Von Karajan y de su gusto por las nuevas tecnologías, ya que fueron editados en formato digital (el director alemán fue uno de los abanderados del nuevo formato Compact Disc). El brillo de las cuerdas y los bronces, y la claridad con la que nos llega cada instrumento son típicas de la obsesión de Von Karajan por las grabaciones pulcras y refulgentes.
Dos conciertos hermanos, que suelen ir juntos por obvias razones (al oído), en versiones altamente recomendables.
Producido por Michel Glotz


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