Se trata de un conjunto muy bien compuesto por 10 piezas instrumentales, que están libres de cualquier juicio y etiqueta. Suenen etéreas y bien íntimas. No se trata de música experimental como suelen decir algunos, sí diríamos científicamente pensada y procesada, como diseñada con buen gusto. Son composiciones mayormente hechas a partir de loops (repeticiones), en base a sonidos muy pequeños, o en algunos casos partiendo de breves frases melódicas, y un delicado tratamiento digital. Todo en una temporalidad lenta, como de ensoñación.
Toda la música de este disco es de Sami Abadi, interpretada y grabada por el eximio violinista, reconocido también por su trabajo de creación musical y ambientación sonora para obras de teatro. Producido en su estudio hogareño, uno imagina que en solitario y con absoluta concentración en cada sonido. El resultado es excelente, se trata quizá del álbum más logrado y accesible para cualquier oído de este autor, de quien ya hemos presentado en años anteriores sus trabajos: Lunar (2004) y Escuela de vuelo para anfibios (2006).
Aquí con Amber & Topaz, que se consigue únicamente por el Club del Disco desde ahora, ofrece un musicalidad atrapante, suave y profunda. Sin descenlaces esperables, y que para nada tiene que ver con la música electrónica no bailable, ni con el mal llamado “ambient”, aun que seguramente muchos resumirían esta propuesta con ese rotulo. Pero no solo acompaña, sino que también invita a viajar por un universo sutilmente colorido, tímbrico, rico en texturas y formas blandas, volátiles, brillantes. Además viene un arte gráfico muy cuidado, especialmente hecho para la edición de Japón y que tenemos la posibilidad irrepetible de compartirla desde acá.
Producido por Sami Abadi


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