El disco Me arrepiento de todo, de Tomi Lebrero & El Puchero Misterioso, arranca con una gran canción que desnuda el alma del cantante y autor, como si fuera un prólogo ensimismado, y a la vez enajenado. Pero ni ese emocionante track 1, Cantor de los pueblos, ni nada en el disco es personal o autorreferencial. La música de Lebrero es como una fantasía, un juego muy divertido pero hecho en serio. Juega un personaje que está lleno de colores, poesía, ironías, oscuridad y pasión. Su personalidad como artista y todo el bagaje que tiene de formación académica llega en canciones bien populares y cercanas. Así es que en este disco, como en la mayoría de su producción, encontramos elementos de la cultura rock, aires del folklore, melancolía tanguera, buenos arreglos, humor costumbrista e inteligente, ternura y muchas otras cosas; acorde a la interpretación y oído de cada uno. Sorpresas seguramente buenas.
El sonido acústico y naturalista casi sin artificios, los timbres bien elegidos, su voz frágil y entusiasmada al frente, el uso justo de guitarras eléctricas y las cuerdas, todo en esta obra se oye bien, cada cosa en su lugar. Y ahí es donde destaca la labor del productor Lisandro Aristimuño, que si bien emprolijó y le dió un atinado clima a todo el conjunto, no hizo que se perdiera la frescura ni cierta crudeza del espíritu libre de Lebrero.
Hay grandes momentos con diferentes improntas, sólo para destacar algunos además del que abre el disco, mencionamos las emotivas Dicen adiós, o Noche en la pampa (con la voz invitada de Lisandro); otros pasajes más alocados como los bonus San Pedro, Verde o Re loco re hippie. Sin olvidar esas piezas tan particulares y llenas de histrionismo que le salen geniales, esta vez atrapan Choro de las estaciones y Pericón de Hilda, que como sus nombres lo indican están hechas con esas referencias rítmicas. Pero como dijimos es una obra redonda, que encierra todo el carácter inquieto de Tomi, su alto perfil como compositor de canciones, y le da quizá la consolidación a su sonido en grupo, de la mano de un buen productor.
Tomás Lebrero no será (aún) el cantor de los pueblos, pero sí se ha ganado un merecido lugar en la escena argentina, principalmente por su carisma en el escenario y su humildad. Algo para no arrepentirse.
Producido por Lisandro Aristimuño


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