Este disco contiene dos grabaciones históricas realizadas durante 1970 y 1971, en la plenitud de sus fuerzas, por el pianista de origen ruso Vladimir Ashkenazy y el director de orquesta nacido en Alemania (pero nacionalizado estadounidense) André Previn, al frente de la London Symphony Orchestra. Las obras son dos de las seis piezas para piano y orquesta que escribió otro emigrado, Sergei Rachmaninov, en su larga carrera como pianista, compositor y director de orquesta. Se da la casualidad (o no) de que también Ashkenazy sea un reputado director de orquesta, y Previn un excelente pianista (aunque más volcado hacia el jazz) y compositor. Curiosa relación entre los tres músicos que forjaron lo que se escucha en el álbum: los tres emigrados, los tres pianistas, los tres directores de orquesta. Sumemos a esto que Rachamaninov aún vivía (murió en 1943) cuando Previn (1929) ya estaba dedicándose a la música en el mismo sitio y Ashkenazy (1938) comenzaba a estudiar piano en la entonces Unión Soviética de la Segunda Guerra Mundial.
Para muchos Sergei Rachmaninov es algo así como “el último romántico”, título algo dudoso que se reparte habitualmente entre algunos músicos europeos nacidos antes de que comenzara el siglo XX (o que fallecieron apenas comenzado). También Mahler es, a veces, investido de ese título. ¡Hasta a Brahms le podría caber semejante distinción! Entre nosotros, Carlos Guastavino es visto como un “romántico tardío”. El Romanticismo fue tan fuerte que sus estertores alcanzan aún nuestros días; si no, no hace falta más que preguntarle a alguien alejado de las salas de conciertos clásicos a qué músico considera romántico... No dirá Chopin, ni Schumann, ni mucho menos Rachmaninov. Lo que habría que preguntarse es por qué a Rachmaninov le cabe esa etiqueta. Hay más de un aspecto, pero el esencial seguramente es que siguió fiel -en lo referente a la armonía y orquestación- a lo aprendido en su etapa formativa, sin desviarse hacia experimentaciones como las que estaban llevando a cabo en la Europa de entreguerras su compatriota Stravinsky o los directamente revolucionarios Schönberg, Berg y demás “vieneses”. Para ellos, seguramente Rachmaninov era un “reaccionario”, temible adjetivo en época de división de aguas en el campo de la composición musical.
Sería largo especular sobre el por qué del estilo de la escritura de este autor, y también hay interesante literatura disponible sobre el particular momento emocional en que el ruso escribió este concierto. En cambio, porque su música tiene mucho para decirnos, en pocas líneas lo exponemos aquí. Son dos, entonces, las obras incluidas en este CD. En primer lugar, el Concierto para piano número 2, en do menor. Es una obra en tres movimientos de curiosa igualdad temporal (los tres duran prácticamente lo mismo) aunque de diferente carácter. A grandes rasgos se puede decir que el primer movimiento es más contemplativo e introspectivo. El segundo movimiento, lento y melancólico, con un motivo que por momentos recuerda, curiosamente, al primer Ravel (contemporáneo de Rachmaninov), y el tercero, de carácter épico y mucha dificultad técnica, cierra este concierto que es obra habitual en los más exigentes concursos internacionales de piano. No hace falta decir que Ashkenazy sale muy bien parado de este desafío. De virtuosa técnica, además se ha especializado en este repertorio romántico o postrromántico, por así decir.
La segunda obra es la Rapsodia sobre un tema de Paganini. Bellísima obra en la que se refleja el gusto de Rachmaninov por los virtuosos del siglo XIX y que es la sexta obra para piano y orquesta, junto a los cinco conciertos. La orquesta suena brillante, en todo sentido, y sus tutti son conmovedoramente eslavos, pese a ser una orquesta londinense.
Producido por Ray Minshull y Christopher Raebum


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