Lila Downs lleva la marca de la contradicción desde su mismo nombre: cualquiera que no la conozca o que tuviera poca información podría sospechar que se trata de una cantante de jazz. Basta escucharla unos segundos para darse cuenta de que se crió al sur del Río Grande, aunque claro, es hija de un estadounidense y una mexicana (cantante, también). Lila lleva la música del continente en la sangre y se nota que su formación fue intensa y variada, viviendo en diferentes ciudades de México y USA. Nada es casual en su recorrido: defensora de las lenguas originarias de su país natal, es licenciada en antropología (título obtenido en la Universidad de Minnesota). Todo lo que hace tiene sustancia, y en su voz se adivina la cantante de corridos que a los 15 años ya actuaba en público tanto como la estudiante de canto y la universitaria.
La pregunta sería si Lila Downs es una intérprete o una compositora, es decir ¿qué prevalece en ella? Porque así como canta sus propias canciones, se apropia también de la música tradicional mexicana. Allí está la respuesta: ella verdaderamente se apropia, las hace suyas. Es, entonces, una compositora que al interpretar melodías no escritas o imaginadas por ella las transforma y les pone su sello personal. Se podrá objetar que eso es lo que hacen todos los intérpretes, a lo que se podría responder que no, que cuando un intérprete además es compositor, se apropia de otra manera, con otra capacidad de análisis de lo que toma y deja de una obra y con otra profundidad. Y entonces, ¿cómo es Lila Downs como compositora? Lila es muy versátil: no sólo cambia de idioma con facilidad (escribe tanto en castellano como en inglés, aún dentro de una misma canción) sino que puede usar distintos lenguajes musicales logrando el milagro de que nada suene forzado o fuera de estilo. Y muchas de sus canciones son bellas y originales (como La cumbia del mole), además de tocar problemáticas socioeconómicas (ver La línea), siendo capaz de mezclar un huayno con un rap y, nuevamente, sonar completamente natural.
Su grave voz quizás no guste a la primera canción que se escuche. Suponemos que muchos de los socios del Club del Disco ya habrán tenido la oportunidad de escucharla (es una artista ya bastante difundida y hace poco se presentó en la Argentina), pero sugerimos prestar atención a este trabajo grabado en concierto, porque tiene un calor que sería imposible logran en estudio. Capaz de hacer cosas increíbles con su instrumento vocal, Lila se brinda con generosidad; si no tuviera buena técnica, no podría llegar a la quinta canción entera.
La Misteriosa, tal el nombre de la banda, suena muy bien, ajustada. Su set de percusión tiene gran preponderancia, pero todo está en su lugar, es como una gran orquesta popular, con los exquicitos arreglos de clarinetista Paul Cohen. El disco está lleno de sorpresas, muchas de ellas de muy buen gusto, y está muy bien grabado, con la voz de la artista en primer plano; realmente uno se siente en la platea del teatro y casi la puede ver a Lila Downs arriba del escenario, apropiándose de la noche parisina.
Producido por Paul Cohen y Lila Downs


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