Coni Cibils pertenece a una familia de músicos, dos grandes talentos reconocidos que tiene como hermanos (Juan y Hernán Jacinto), más su madre que también se dedica al arte sonoro. Ella empezó por las artes visuales y hace pocos años sintió que tenía algo para decir con las canciones. Con buena poesía -impulsos del amor joven que a todos nos desvelan en algún momento-, melodías bellas y sensibles, ritmo tranquilo pero no necesariamente lento o pesado, y un sonido basado en el folk rock, nos da su primer álbum de composiciones propias.
Un lugar no es para nada pretencioso, y quizás su valor radica en que desde ese, un lugar, puede estar en muchos espacios, en el aire de las canciones. Los temas son como cuentos conocidos y que a todos nos tocan desde algún punto; anecdotarios y reales como ese lugar que ocupan dentro de cada uno. Y la música se encarga de ponerles relieve, cada uno con sus colores, sus leves fugas, sus movimientos intensos, su pasión, o su mirada femenina en este caso. Doce canciones de amor que en pocos minutos abren grandes ventanas a un lugar de luz. Hay baladas rokeras, valsecitos, aires de folk actual y otras canciones de cierta impronta oscura, sin perder brillo. Una producción de pop acústico y directo, sin grandes artilugios de producción, de buenos arreglos y cuidado uso de los instrumentos eléctricos. La voz de Cibils juega entre la inocencia y la histeria, cumpliendo su rol correctamente. Entre los invitados y amigos que le ayudaron a hacer realidad este disco, se cuentan varias de las figuras de la canción actual porteña (parte de Rosal, Mauro Conforti, Javier Maldonado y sus hermanos), pero todo esta colocado con precisión y en la medida justa. Es esa justeza que tiene lo simple para volverse bello.
Producido por Mauro Conforti


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