La fama de Carl Orff (1895-1982) se debe a tres fuentes distinas, ciertamente: Carmina Burana, obra imprescindible del repertorio sinfónico-coral del siglo pasado; su simpatía por el nazismo (en discusión aún) y su método pedagógico. Alguien con un poco de maldad y nada de simpatía por su legado podría argüir que en realidad no son tres hechos tan fáciles de separar. Dejando de lado interesantes análisis sociopolíticos, filosóficos o históricos, nos limitaremos a describir la obra musical en cuestión, poniéndola en su lugar e intentando comprender por qué se transformó en un clásico.
Siguiendo el camino trazado por Igor Stravinsky, Orff se inspira en textos medievales buscando un efecto primitivista que salte por encima de lo que se consideraba en la década del ‘30 la “música antigua”, es decir el Renacimiento y el Barroco, e inspirándose en ese mundo medieval tan caro a la imaginación del Romanticismo Alemán del siglo XIX. Así, crea un mundo sonoro nuevo sin adherir a la más moderna vanguardia de la Escuela de Viena (Schönberg, Berg, Webern) sino viajando a un pasado imaginario, empleando modos antiguos de una manera novedosa y, para darle más exotismo, con textos en latín que no son religiosos sino todo lo contrario: absolutamente profanos.
La obra se basa en unos textos de los siglos XII y XIII encontrados en la abadía de Beuren, en Baviera (Carmina Burana quiere decir, en latín, Canciones de Beuren) y que eran canciones de monjes goliardos que satirizaban las costumbres de la época, burlándose de las instituciones e invitando, entre otras cosas, a beber, enamorarse y divertirse. Había versos en latín, en alemán antiguo y francés antiguo, si bien Orff eligió textos en latín y unos pocos en alemán. Como se encontró el códice con las rimas pero sin las melodías escritas, Carl Orff compuso toda la música buscando que tuviera un aire antiguo pero sin preocuparse por que fuera verosímil: no tiene mucho que ver con las posibilidades de la polifonía del siglo XIII, ni con los instrumentos que existían entonces. En ese sentido es claramente una obra del siglo XX, pero por su textura armónica perfectamente aceptable por el régimen nazi (recordemos que en 1937, fecha de estreno de la obra, ya habían sido defenestrados los compositores “degenerados” que usaban procedimientos atonales). Dividida en secciones de acuerdo al tema de los textos, el motivo unificador de la obra es el de la Fortuna, que gobierna el mundo (el primer número, O Fortuna, es el que abre y cierra Carmina Burana).
El estreno tuvo lugar en Francfort el 8 de junio de 1937 y significó la consagración de Carl Orff como compositor. Si bien continuó escribiendo música, ninguna otra obra suya logró la consideración popular. La Segunda Guerra Mundial y el posterior proceso de desnazificación llevado a cabo en la Alemania ocupada por los Aliados le trajeron sus problemas a Orff, que ya no pudo despegarse con facilidad de sus vínculos con el régimen de Hitler. Hay que decir que Carmina Burana, por su belleza y atemporalidad es una obra que trasciende tanto a la época dramática en que fue escrita e interpretada como a su propio autor. Es un raro caso de “autor de una sola obra” en el que seguramente la belleza de las canciones goliardas y la singular poética musical de Orff se conjugaron para generar esta lírica, sensible y por momentos estremecedora colección de canciones.
En cuanto a esta grabación en particular, es de las mejores que existen en la era del CD. ¿Qué se puede decir de los tres elencos que participan que no sea obvio? Excelentes prestaciones de la Filarmónica y los Niños Cantores de Viena, el famoso coro fundado en 1498, como del Coro Arnold Schönberg, que habitualmente dirige el austriaco Erwin Ortner. Los tres solistas están en un nivel altísimo, en particular los dos masculinos (Frank Lopardo, tenor, y Anthony Michaels-Moore, barítono), más teniendo en cuenta de que se trata de una versión en vivo, no de estudio. La dirección del mediático André Previn es sencillamente magistral: sin fisuras, con un fantástico trabajo con los coros, en una obra en la que el foco está puesto en los textos y sus acentuados ritmos. La grabación, desde el punto de vista técnico, es un lujo.
RECOMENDACIONES: Escucharla entera y con un buen par de auriculares. ¡Cuidado con la perilla del volumen, tiene gran rango dinámico!


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