Este disco viene a pujar fuertemente -y con una solvencia indiscutible- por la reinvindicación que el chamamé se merece, algo que gracias al trabajo en años ya de varios otros arriesgados también, se esta alcanzando y se puede decir que ha recuperado su lugar en el mapa del folklore argentino. Claro que la singularidad de la obra es mucho más que eso.
Desde que empieza Chamamé, ya nos damos cuenta de que no se trata de cualquier chamamé, ni de un conjunto cualquiera: el trío ya fue seleccionado por el Club hace tres años con su primer álbum Tierra de agua, y aquí está hoy lo que ya se veía venir. Una obra que acentúa el sonido particular, y su original estilo en la propuesta estética: porque hay que decirlo sin prejuicios, es una música muy rica y bella la que tocan, sin tener nada que envidiarle a otros géneros más “elevados” o con mejor cartel.
Así se revela además lo vivo que esta ese género, las mil formas de escucharlo y de tocarlo, pero sobre todo la manera de vivirlo. Es aquí cuando podemos decir claramente, que aún tratándose de un chamamé no puro (aunque, ¿quién define la pureza de un género?), esta gente hace la música que siente desde la cuna. El ser conocedores de su tradición bien desde adentro y su labor musical desde hace años, ya los hace parte central de esa cultura del nordeste argentino. Esa música fronteriza, que tiene influencias de los inmigrantes alemanes y del sur de brasil, que es tan popular y cercana para ellos, y tan extraña o lejana para muchos otros que no la vibran. Pero su energía contagia porque es una música que viene de la tierra. Los hermanos Núñez son nacidos en Campo Viera, un pueblo de yerbateros en el interior de Misiones, y desde ahí vuelan alto y lejos con los sonidos que van más allá de su educación, puesto que no se quedan con lo básico de la música chamamecera, ni tampoco se regodean en su técnica para interpretarla; construyen un universo nuevo y abierto, que no deja afuera a nadie que esté bien predispuesto a oír, bailar, dar un sapucay, o simplemente gozar.
La obra esta hecha de doce temas más 2 videos interactivos. Muchos son composiciones propias del trío, también hay piezas de los creadores más brillantes de aquellas latitudes, reversionados con excelente ánimo; y como el buen gusto en la materia los emparenta, aquí se juntan con el maestro Raúl Barboza (otra eminencia de la evolución del chamamé) para abrir el disco con una composición inédita del propio Barboza, Pindovy. Aparece además una interpretación de un tema, autoría de Hermeto Pascoal, que nos empuja a abrir más las fronteras de la mente, para que nuestra imaginación musical traspase los mapas y límites establecidos, cosa que la música ha hecho naturalmente desde siempre y es lo que más nos gusta enfatizar desde el Club.
Por si fuera necesario decirlo, Chamamé no se queda sólo en su ritmo, sino que el trío late con ese impulso de apertura y cruces que los lleva a hacer también schotis, guarania y hasta una canción de amor, en la que confluyen un joven cantante de tangos (Cristobal Repetto), interpretando lo que escribió el autor más renombrado del litoral (Ramón Ayala).
La musicalidad es fresca y cálida, hay contrapuntos. Hay saltos de agua, tranquilidad de siesta, movimientos del río, colores selváticos; la capacidad para dar todo eso con una soltura, interpretando algo que no es sencillo, ni ficcionado. Todo es muy natural, la grabación en vivo, todos juntos tocando, es la mejor manera de registrar estos sonidos. El cuidado trabajo en el estudio para lograr un audio correcto, no afecta en nada la fluidez de los músicos en su estado de explosión musical.
Aquí se ofrece una música local de valor universal, de nivel internacional con profunda calidez bien nuestra.
Producido por Los Núñez, Ruiz Guiñazú y Javier Tenenbaum


Comentarios
parece muy bueno!! lo espero... gracias!