Fundado por estudiantes universitarios de Santiago de Chile en 1967, Inti Illimani fue un hito de la música popular latinoamericana durante los años más negros de nuestro continente. De hecho, estaban de gira el 11 de septiembre de 1973 y permanecieron en el exilio desde entonces hasta 1988, impedidos de regresar a su país por una disposición del dictador Pinochet. El grupo atravesó distintas etapas artísticas. De orientación quizás más andina y dentro de la épica revolucionaria latinoamericana en sus comienzos, luego su lenguaje fue evolucionando, fueron apropiándose de otros repertorios e instrumentos, creciendo y madurando hasta llegar a comienzos de la década pasada. En 2006 surge un litigio judicial por el nombre del grupo, lo que hace que en la actualidad existan no uno, sino dos Inti Illimani. Este, el Inti Illimani histórico, se llama así porque cuenta entre sus filas con José Seves y Horacio Salinas, este último director musical del grupo desde los inicios hasta su salida en 2004.
No pretendemos opinar sobre el desacuerdo en el uso del nombre, simplemente vamos a meternos de lleno en la música de este disco. Lo que da unidad al trabajo es el homenaje a la infancia: sin ser un disco para niños, alberga canciones de cuna con una bellísima versión de Drume negrita (del cubano Eliseo Grenet y con una arreglo para guitarra nada menos que del cubanísimo Leo Brower), La Tarara de Federico García Lorca donde canta Diego el Cigala, y el Quinteto del tren y Mi papá y mamá, con una mirada entre nostálgica y melancólica de los tiempos de la niñez. Otra invitada destacada es Eva Ayllón en la canción peruana anónima, recopilada por el gran Nicomedes Santa Cruz, No me cumbén. Como se puede apreciar, hay canciones peruanas, chilenas, cubanas, españolas: un amplio abanico hispanoamericano en el que se combina música ajena y propia. Es de destacar que el nivel de las composiciones de Salinas y Cía. está al nivel del mejor repertorio popular latinoamericano. En ese sentido, Líneas para un retrato tiene todas las condiciones de un clásico de la canción.
El buen gusto de los arreglos, la interpretación comprometida con cada canción y la maestría en el dominio de cada ritmo de origen afro o precolombino hacen de este nuevo disco un testimonio de que los años, como en los buenos vinos, sirve para asentar y mejorar el sabor. Este es un disco para disfrutar y guardar.
Producido por Horacio Salinas


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