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selección

Hombregolpe

Marcelo Ezquiaga

imagen

Código: 1310

Precio: $36 /

+envío (ver tabla)

Temas

  1. 1. Espinazo

  2. 2. Calada
  3. 3. El gaucho vive y muere en su ley
  4. 4. Espuela
  5. 5. La primer verdad
  6. 6. Bocado
  7. 7. Rueda sobre rueda
  8. 8. El gran pueblo
  9. 9. La vida desde lejos
  10. 10. Dame

Ficha técnica

MÚSICOS

Marcelo Ezquiaga: voz, piano, teclados, coros y palmas
Fernando Samalea: batería y percusiones, bandoneón en 2 y 6
Santiago Capriglione: bajo en todos los temas excepto en 1 y 6
INVITADOS
Germán Cohen: trombón en 1, 3 y 7
Andrés Ravioli: trompeta en 1, 3, 7 y 9 y palmas en 6 y 10
Manuloop (Manuel Abduci Spina): cello en 2
Pablo Romagnoli: flauta traversa en 8 y 9
Todos los temas compuestos por Marcelo Ezquiaga

TÉCNICA

Grabado en estudios Ion, Matarex y Estudio Caseros entre el 31 de octubre y el 31 de diciembre de 2010 por Pablo Acedo, Javier Mazzarol, Maximiliano García, Nazareno Gil y Marcelo Ezquiaga.
Mezclado y masterizado por Sergio Flamminio en Akiaya y Matarex

GRÁFICA

Arte: Alejandro Contreras

Diseño de tapa: Sergio Flamminio y Marcelo Ezquiaga

Sello

Edición de autor

Web

http://www.myspace.com/marceloezquiagamusica

 

Nos complace presentar este disco de canciones que es una buena muestra de lo que se puede hacer con el lenguaje del pop en tres minutos y pico. Melodías difíciles de olvidar a la primera escucha, letras cercanas y una grabación lujosa conforman un trabajo maestro en el que Marcelo Ezquiaga pone en evidencia su capacidad para golpear sin que le veamos la mano.

¡Qué golpes poderosos se pueden dar con las buenas canciones! Casualmente (o no tanto) golpe en inglés se puede decir hit. Un hit (y se usa hace años también en nuestro idioma, para definir a esos éxitos con que las radios y TV nos golpean día y noche) es ni más ni menos que un golpe. El Hombregolpe puede ser tranquilamente un hitman, y aquí lo tenemos a Marcelo Ezquiaga, que con El gaucho vive y muere en su ley da realmente un golpe de knock out, o nocaut, si prefieren... Claro que no se trata de un ring de box, ni nosotros desde el Club del Disco (y tampoco los socios) necesitamos vivir de los hits. Pero hay que decir que junto con algunas baladas más intimistas, este álbum de canciones de Ezquiaga entrega varias perlitas de esas que se imponen dulcemente en la memoria del oyente, para siempre. De entrada ya recibimos un sacudón con Espinazo y esas trompetas algo británicas, pero con una base rítmica más latinoamericana; y Calada, una melodía que se construye sobre una sola nota pero con una progresión armónica que va sumando tensiones por abajo, para llegar a ese ¿estribillo? (¿cómo llamarlo?) lleno de saltos melódicos y el aporte del bandoneón de Fernando Samalea para darle más extrañeza a la rara poética de la canción. Dos canciones muy diferentes que preparan el camino para el track 3, El gaucho vive y muere en su ley, que es sin dudas un tema cautivante, con su parte estrófica con algo de reggae y luego el estribillo más derecho y rockero, por decir algo. Y después de El gaucho..., claro, viene Espuela, que trae la aparición del hammond que ofrece otro color a una pieza que, como ocurre muchas veces con Ezquiaga, regala poesía desde la misma armonía. Cerrando la primera mitad del disco (si fuera un LP de vinilo estaríamos terminando el Lado A) se nos ofrece La primer verdad (así, a propósito) otra canción cuya base se tiñe de soul blanco y en la que Marcelo no se priva de acompañar con un “sha-la, sha-la” muy nueva ola. Por su parte, la armonía nos trae reminiscencias al Charly García de Sui Generis o La Máquina de Hacer Pájaros, todo tiene que ver con todo; Ezquiaga compone también desde el piano y eso se nota principalmente en el entramado armónico de sus temas.

Ahora abandonemos el tema por tema y vayamos al corazón de este disco, y del estilo de Marcelo: un rasgo fundamental (ya dijimos que es ante todo un pianista) es que no usa guitarras. Ni acústicas, ni eléctricas, nada de guitarras. En este disco hay piano, teclados, trombones, trompetas, cellos, percusiones varias, bandoneones, y muchas voces. Así como los discos de Queen se vanagloriaban por el no uso de sintetizadores, Ezquiaga podría poner esta leyenda en las portadas de sus discos: "Para esta grabación no se utilizaron guitarras". Es curioso porque se trata de un disco, como dijimos antes, esencialmente pop. No hay muchos casos de estos en el mundo del rock. Acá todas las funciones que cumple por lo general el instrumento de seis cuerdas las lleva a cabo el piano. Es un buen momento para recomendar a quienes no conozcan aún Un buen pescador, el anterior trabajo de Ezquiaga, también seleccionado por el Club.

El Lado B, por llamarlo así (tracks 6 a 10) sigue con la línea de la primera mitad. Letras íntimas, generalmente cantadas a dos voces (el mismo Marcelo, doblado), preeminencia de la melodía, finos arreglos instrumentales y aires de los '60 y '70 pero pasados por un tamiz contemporáneo que lo hace inconfundiblemente de 2011. Una joya nos aguarda en el track 8, El gran pueblo, es cierto, y también se destaca el siguiente, La vida desde lejos, con algo de sensación a fin de fiesta, pero todo el disco en sus diez canciones es muy parejo y equilibrado. Simplemente ocurre que hay fragmentos que se nos “pegan” antes que otros. La grabación de la base (el trío de piano, bajo y batería) fue en Ion y eso se nota; todo el nivel de audio del disco es de primera calidad.

La ilustración de tapa es del artista plástico tucumano Alejandro Contreras, conocido por sus hombrecitos en todo el mundo.
Al hombre y a la canción: ¡salud!

Producido por Sergio Flamminio y Marcelo Ezquiaga

> leé la entrevista a Marcelo sobre este disco



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