Son de la Frontera comenzó su actividad como grupo en 1998, como formación acompañante de Martirio, a quien presentamos hace poco en el Club, haciendo con ella grabaciones y giras por toda España y Latinoamérica. La banda está formada por el músico y antropólogo Raúl Rodríguez, el guitarrista Paco de Amparo, el bailaor Pepe Torres, el cantaor Moi de Morón y el palmero Manuel Flores. Son considerados los herederos de la escuela de Diego del Gastor, pero incluyen como innovación al tres cubano (instrumento exótico en la música flamenca) que dialoga permanentemente con la guitarra. Luego de un primer CD editado en 2004 y que llevaba por nombre el del grupo, grabaron dos años más tarde este que ahora les ofrecemos a los socios del Club, Cal, primero que se edita en la Argentina. La mayoría de integrantes son músicos de Morón de la Frontera, pequeña ciudad cercana a Sevilla, y eso se nota claramente en el tipo de música que hacen, muy de raíz y casi sin “invasiones” urbanas. Sin embargo, hay cosas que se cuelan, como en el tema 1, en el que hay una sorpresa proveniente del Caribe en la melodía, aunque es algo difícil de detectar para oyentes sub 40... También es llamativo el uso que hacen del tres cubano, aunque en este caso es sólo el instrumento utilizado, que no afecta salvo en lo tímbrico al flamenco. Es decir, lo expresivo no cambió por el hecho de usar un cordófono no habitual. De una intensidad poco común, el grupo maneja muy bien los tiempos de las tensiones y los reposos, alternando movimientos rápidos con lentos, y mostrándonos una serie de estilos tradicionales que son un recorrido por lo más auténtico del género flamenco. Hay bulerías, tanguillos, malagueñas, tarantos y sevillanas. Todo absolutamente acústico, listo para ser tocado en cualquier sitio, sin electricidad.
El disco está muy, pero muy bien “grabao”, en Morón de la Frontera, y lo llamativo es que los ensayos (y las increíbles fotos) fueron hechos en los hornos de cal de las canteras del pueblo. Hablando tanto de frontera, hay que recordar que la ciudad nombra a la frontera con los moros, ya que Morón (que fue ciudad del califato en su momento) quedó muy cerca de la línea que durante un par de siglos separó a cristianos de musulmanes. Y seguro que esa frontera, ese lugar de ida y vuelta, de tráficos varios, se siente aún en la música del flamenco, ese género que es cante y baile, y que tiene en sus raíces algo de gitano, algo de judío, algo de moro y mucho de andaluz, que sería el resumen de todo eso, junto. Para terminar, la bella poesía de Diego del Gastor en el track 2, Al jardín de la alegría: “Cómo quiere usted que vaya al jardín de la alegría / si se marchitan las flores que huelan las penas mías”.
Producido por Son de la Frontera


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