Cada formato ofrece posibilidades únicas y enriquece todo el panorama musical.
Primero, fue Cromagnon. Después, las peripecias en torno a la Ley del músico. Los últimos tiempos han acentuado la dureza de las condiciones en las que es posible hacer música en nuestro país. La cultura independiente es un mundo complejo y, a veces, casi estoico. Aún en la ciudad de Buenos Aires, donde hay una infraestructura de recursos mayor que en otras provincias, y en la cual el público es numeroso y muestra intereses diversos, la situación es difícil. Artistas como los que forman parte del Club se encuentran bregando por los medios y los espacios físicos adecuados para hacer llegar sus obras a los oyentes. Cada vez más, las posibilidades se limitan a los extremos: las grandes salas, como los teatros de la calle Corrientes y estadios (para las propuestas comerciales y masivas), y los bares y pequeños reductos (para los espectáculos amateurs).
Sin embargo, esto no es todo, ni mucho menos. El formato intermedio, el del trabajo artesanal y delicado propio de las obras más originales, busca afanosamente las maneras de salir a la luz. Las salas de espectáculos y las discográficas independientes son exponentes de una sutil red tejida por artistas que buscan, y encuentran, otra manera de expresarse y acercarse a su público. Proyectos con objetivos claros, con una firme intención de defender la calidad y la originalidad de sus obras. El Club del Disco se integra a esa red con su propuesta.
Una enorme riqueza cultural y artística pasa por estas organizaciones y estos espacios. Desde la revista, buscamos acercar a nuestros socios a la actualidad de esta escena cultural, y los invitamos a conocerla y disfrutarla. El disco de este mes sale a través de un sello pequeño, BURI, que contribuye con sus esfuerzos al universo de la cultura independiente. Tal como el espacio cultural NoAvestruz, sobre el cual les contamos en este número. Es nuestro deseo llevar sus voces hasta los diferentes rincones del país; y desde ya, esperamos y agradecemos que los socios de diferentes provincias nos hagan llegar otras experiencias. Creemos que el intercambio tiene una enorme fuerza para seguir impulsando más ideas, más proyectos, y más música
Club del Disco.
Acústico
Instrumental
jazz / abierto / improvisación / juego en grupo
fecha de entrega: 1 al 18 de NOVIEMBRE
cód. 46
Esta vez el club propone acercarnos al jazz instrumental. Se trata del segundo disco del trío MES, que reúne a tres de los mejores músicos de la escena porteña actual: Enrique Norris en corneta y piano; Mariano Otero en contrabajo y Sergio Verdinelli en batería.
MES: jazz con mucho vuelo, con mucho juego, y sin pretensiones vanas. Si bien hay visitas a todos los rincones del género y momentos típicamente jazzeros, lo esencial en esta música son las salidas inesperadas hacia espacios desconocidos, a través de la improvisación.
El trío toma unas células melódicas sencillas y las desarrollan en infinidad de variaciones y reinterpretaciones. El resultado es una música formalmente abierta, construida a través de la búsqueda espiritual del fluir de la improvisación. El elemento armónico siempre está incluido en el juego, un resultado singular de esta combinación entre tres instrumentos que tienen una limitada capacidad para generar acordes.
El trío MES juega de la manera más abierta posible, invitando a los grandes aficionados al jazz y también a los oyentes alejados de su campo. Es un juego con elementos sencillos y puros, con todos los recursos de esta formación. No se hace hincapié en el lenguaje del género, sino en la búsqueda rítmica (en la que el groove aparece y desaparece), la exploración de los sonidos, y especialmente en la espontánea interacción de los músicos, que tejen luces y sombras de cada tema con enorme naturalidad. El diálogo entre ellos es esencial en este disco, y es posible imaginarlos tocando juntos, conectados y alertas, para que la música surja sin obstáculos.
Bill Evans, Thelonious Monk, Don Cherry. Desde el bebop, pasando por el jazz cool, hasta el free jazz, las referencias a los integrantes del panteón jazzero se sienten detrás de cada compás. Sin embargo, el trío MES hace una música propia, original y fresca. La relación entre su proyecto y la tradición es orgánica y liviana.
El sonido es naturalista, recuerda a las viejas grabaciones de jazz, con piano vertical que remite a la imagen de un bar o un living. Espacios pequeños, íntimos, casi sin cámara.
La interpretación es honesta y despojada. El sonido grupal es el que manda, por encima del virtuosismo; el juego gana terreno sobre la erudición, y el conjunto sobre los “solos”. Enrique Norris toca el piano de una manera que sólo es posible en un músico multi instrumentista capaz de pensar su interpretación más allá de una mirada “pianística”. En cada tema brotan exploraciones tímbricas que exigen todos los recursos de cada instrumento: los platos o las escobillas en la batería; la sordina en la corneta; el contrabajo tocado con los dedos y con arco. Exploran pequeños y grandes ruidos, que hacen pensar en el ajetreado movimiento de una cocina o un taller. Y hay espacio para el silencio, ingrediente fundamental.
El itinerario conduce hacia diferentes climas: dramáticos, humorísticos, livianos y oscuros. Hay que dejarse llevar por la escucha, y salir del tiempo cotidiano, para ingresar al mundo de atmósferas que propone el trío. La invitación es amplia: el trío MES abre las puertas del jazz para que todos puedan jugar.
Enrique Norris: corneta, piano, inst.varios, voz en “Hilos”.
Sergio Verdinelli: batería percusión.
Mariano Otero: contrabajo, percusión, voz en “Hilos”.
Federico y Nicolás Colletta
Grabado en Casa Frida, Buenos Aires el sábado
2 de Octubre del 2004
Técnico: Hernán Caratozzolo
Ayudante: Pablo Menim
“sobre como dejar el templo sin mercaderes”
Federico Colletta / óleo sobre tela
Pablo Gentile
Buri www.buri.com.ar
- No sabía que era posible (2002)
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Nos encontramos con Enrique Norris y Sergio Verdinelli, quienes nos contaron acerca de su trío MES (Mariano Otero / Enrique Norris / Sergio Verdinelli) y la grabación de su último disco, que aquí les presentamos.
¿Cómo se reunió el trío mes?
Enrique: El trío se junta de manera informal en el 2002, yo tenía ganas de grabar algunos temas propios, a Sergio (Verdinelli) y Mariano (Otero) ya los conocía de antes. Concretamente lo del trío Mes fue juntarse a tocar una música que había escrito y dejarlo grabado. No empezamos como tradicionalmente se hace, de ensayar, después tocar en público y por fin grabar. La excusa fue la grabación y recién después vino el vivo. Y después empezamos a tocar en distintos lugares. Hay algo escrito, pero trato de que no sea demasiado estricto. Eso implicaría un trabajo más intensivo, lo que hacemos es un poco más libre en ese aspecto. Para bien y para mal.
¿Qué influyó en que sea una formación piano-batería-contrabajo?
Enrique: Me gusta esa formación clásica, por lo menos en el jazz ese triunvirato adquiere una sonoridad muy especial que me interesa mucho. Y también me sirvió como excusa para tocar más seguido el piano, aunque a veces también toco la corneta. Pero no hay mucha razón más que el gusto. También te permite jugar con las limitaciones, el trío siempre va a ser un trío.
¿Cómo se armó este disco?
Enrique: Viene de un material que surgió un tiempo antes, el día antes de la grabación habíamos tocado en público y eso sirvió como una especie de repaso. No tuvo mucha preparación, fue como el otro. Se grabó en un día.
Sergio: De hecho, los ensayos son sólo para juntarse a tocar. A veces se pasa alguna cosa específica, algunas estructuras más armadas o algunos detalles de prolijidad. Pero no es la esencia de lo que propone Enrique. Es más, durante la grabación Enrique rompía con cosas que ya habíamos ensayado. Él viene y te dice ‘ahora hace algo completamente diferente’ y entonces saca lo mejor de uno, porque saca lo más fresco y lo más genuino.
¿En qué estudio lo grabaron?
Enrique: En un estudio que se llama Casa Frida que está en el barrio de Montecastro. Es un estudio pequeño, tiene una onda más familiar, un poco menos frío que los estudios grandes. Por eso elegimos este lugar, como había menos presiones, nuestro trabajo resultaba más espontáneo. En este estudio pudimos grabar los tres a la vez y en el mismo cuarto.
Sergio: Se dio como una situación natural, como si fuera un show.
Enrique: Porque esta música necesita eso, porque estamos improvisando. Este tipo de música debería ser como una conversación: a veces es muy interesante, a veces es un plomo. Ese es el riesgo de hacer una cosa con poca o ninguna premeditación. Mi papel es hacer algunas señas. A mí me pasa que nunca sé bien qué va a salir. A veces tocando en directo uno no percibe detalles o sutilezas, ese es el valor de las grabaciones.
Sergio: Y Enrique es un recopilador furioso, graba todo. Da miedo: los ensayos, los shows, todo.
¿Cuántas tomas hicieron de cada tema?
Enrique: Se hicieron dos tomas.
Sergio: En eso sí es estricto Enrique (risas) nunca te deja hacer más de dos tomas.
Enrique: Hicimos dos tomas no seguidas, pasamos todos los temas como si fuera un show. Después hicimos un descanso, comimos, y los volvimos a tocar empezando por el último.
Sergio: Y no se escucha lo que se toca. Sólo al principio para asegurarnos que no había problemas graves de audio.
Enrique: Lo de la poca cantidad de tomas es algo que aprendí por experiencia y por historias de lo que hacían otros músicos. Es como una fotografía: así es como soy en este momento. Más alto, más bonito, más feo, peinado, despeinado, trato de dar lo mejor. En definitiva un disco es eso, uno puede estar un año grabando un tema y siempre
faltaría algo.
¿Encuentran referencias de algún artista en particular en la música que hacen?
Sergio: Todos somos amantes de escuchar música. Una de las características que tiene el trío es que somos bastante desprejuiciados sobre qué es lo que nos está influenciando en ese momento. No sólo en lo musical, sino también otras disciplinas, las cosas que te pasan en la vida que te marcan y tienen un papel importante.
Enrique: Por ejemplo un pintor, o estás leyendo
algo que te resuena adentro, eso se refleja en lo que estás tocando.
Sergio: También hay una forma de hacer de
Enrique, él te obliga a tocar de forma desprejuiciada y espontánea porque sino quedás desubicado. Cualquier intento de mantener una forma esteriotipada de lo que estás haciendo queda desubicada frente a como propone él la música. Por supuesto que el grupo tiene momentos de referencia a
otras músicas.
¿Cómo denominarían a su estilo de música?
Enrique: Si tengo que ponerle un rótulo al tipo de música que hacemos, para mí sigue siendo jazz. Después qué tipo de jazz es, eso es más difícil: free jazz, anti jazz, música improvisada. La gente lo llama de diferentes maneras.

Enrique Norris, pianista y trompetista, estudió con varios maestros y como autodidacta.
Músico inquieto, toca y tocó junto a muchos otros músicos, y fue parte de formaciones como Río Jazz Esamble (Córdoba), Los Franov, Quinteto Walter Malossetti, Buenos Aires Jazz Quinteto, Enrique Norris Jazz Cuarteto, entre muchas otras. Ha editado de manera independiente Logomaquia, en piano solo.

Mariano Otero, contrabajista, bajista y cellista. También se nutre constantemente de tocar con otras formaciones. Y de su formación nos cuenta, “mi formación fue diversa, conservatorio clásico, escuela de música popular y finalmente escuela de música contemporánea. Paralelamente, siempre tomé clases privadas de mi instrumento y de composición. En Nueva York, tomé clases con Scott Colley y Mark Helias. El trío MES siempre es una aventura, un riesgo, una diversión bajo la dirección musical y espiritual de Enrique (Norris)”.

Sergio Verdinelli, baterista, “empecé a estudiar de chico, en casa siempre hubo un espacio para la música”.
Cuenta con varios maestros y un disco editado, Primo, junto a Mariano Otero, Juan Pablo Arredondo y Rodrigo Domínguez. En su recorrido, están además, Ernesto Jodos, Fito Páez y Luis Alberto Spinetta.
¿Cómo transformar ochenta metros cuadrados en un lugar?
NoAvestruz está en eso: es escenario, es cocina, es objetos, es calidez, es trabajo en equipo. Es un espacio cultural y un lugar. Con una inmensa red de gente que circula, nacido en noviembre de 2001 —bautizado en diciembre de ese mismo año en medio de una Argentina conmovida— NoAvestruz viene haciendo su propia huella. Comparte con el Club la apuesta a la producción independiente, el deseo de ir un poco más allá, de recibir y escuchar qué hay de nuevo.
En NoAvestruz se programan espectáculos cada semana; y cada semana la magia se produce entre músicos, actores y público. Porque eso es también NoAvestruz: el ejercicio del disfrute, de todas las partes.
Para poder contarles más acerca de este espacio cultural, el Club entrevistó a Mariana Pereiro, actriz, cantante y co-fundadora de NoAvestruz. Aquí les compartimos sus propias palabras sobre el proyecto que se hizo lugar, una experiencia como la de tantos otros que deben estar tramando la misma tela. Porque es posible, y hay mucho por encontrar.
¿Qué podés decirnos, qué sentís, tras estos primeros cuatro años en NoAvestruz?
Mariana Pereiro: Básicamente descubrimos cuál era el proyecto. Teníamos algún esbozo: un espacio para hacer cosas que el contexto decía que no por diferentes razones. Después con el tiempo, empezó a consolidarse, recibimos comentarios que nos entusiasmaban, estaba bueno pensar cómo era un lugar al que uno le gustaría ir a ver cosas y hacerlo crecer. ¿A mí, qué me gustaría? ...y, llegar a un lugar y que me pueda sentir como en mi casa, que esté garantizado que lo que va a pasar tiene sustancia. Ver las caras, saber quién está detrás de la cosa, que sea un espacio de la mayor libertad posible, que yo como artista pueda ir y sentirme cómoda.
Creo que nos une con el Club el dar un espacio para la enorme cantidad de producción independiente que hay hoy en día. Estamos hablando de miles de estilos y formatos diferentes, pero todos tienen esta característica de la programación de música de NoAvestruz: cosas hechas con gente en forma original, con el sello de lo propio y dentro de ese amplísimo espectro de cosas hay una amplísima cantidad de propuestas, una alta calidad.
¿Cómo fueron las primeras programaciones?
Al principio fue algo muy ecléctico. Empezamos los fines de semana, con una feria de diseñadores durante el día, y por la noche había espectáculos de música y de teatro, de varieté. Por mayo de 2002, se confirmaron los primeros conciertos y arrancó con cierta fuerza la programación de música. Y sí, siempre tuvo esa característica, qué es que lo que iba sucediendo era lo que iba marcando el paso, era más un hacer que un programar.
Originalmente éramos tres personas atrás del proyecto. Una se fue al año, y después quedamos dos, Germán (Bermant) y yo. Germán es actor, dramaturgo, trabaja en producción también. Ya en el primer momento se sumaron Mauro (Oliver), el diseñador, y Mandetta, actor y nuestro amigo. Y con el transcurso del tiempo, cayó un montón de gente que se fue sumando al barco. Hasta ser bastante más que dos.
¿Y NoAvestruz, ahora?
NoAvestruz está en un momento de transformación absoluto. Ahora, digamos, se trata de que el espacio esté dando lugar a este tipo de cosas y a otras que no conocemos. Es el eterno dilema de los proyectos independientes: cómo hacer para sostener el proyecto, desde lo organizativo, desde lo económico, desde lo humano. Entonces, en el medio está Cromagnon, la clausura del ochenta por ciento de los espacios... En el medio, hasta aquí ¿no? Tras eso, NoAvestruz es una asociación civil sin fines de lucro. Que es una figura a la que se ha apelado, en alguna medida porque sabíamos que eso es lo que iba a suceder, y también porque apareció ese formato como una alternativa para seguir funcionando, sea desde lo referente a la habilitación y desde la resistencia del proyecto. Entonces durante todo este año, ya con un equipo vigente, fuimos revisando el proyecto parte por parte como para poder generar otra etapa. Que tenga que ver con consolidar y sostener lo hecho, y con funcionar de una manera más adulta. Porque las cosas surgen desde la pasión, y eso tiene un tiempo, real. Hay un momento en el cual uno se cansa, y no tiene más plata, entonces este formato surge como algo mucho más interesante, que de alguna manera cristaliza el trabajo en la práctica, un trabajo en equipo, con gente que tiene en común esto que le interesa. Creemos que esta es la instancia que le puede dar de alguna manera proyección, crecimiento y fortaleza en lo económico, que es en general el punto débil de los proyectos culturales, son actividades con una rentabilidad muy particular que hay que aprender a atravesar sin morir en el intento. Nosotros no teníamos ese conocimiento previamente. Uno tiene que utilizar la creatividad y la amplitud de criterio para poder llegar a generar una forma de funcionamiento. En eso estamos…
¿Y en relación con el Club?
Nosotros vimos crecer este proyecto del Club como una inquietud de un artista, en este caso Santiago (Vázquez), de poner en práctica una idea virgen, un proyecto totalmente nuevo y de riesgo en un punto, porque el objetivo tiene que ver también con dar espacio a cosas que no necesariamente dan garantía, ponerse de la vereda de enfrente de los tópicos a los que nadie se enfrenta... garantizar que lo que te elijan dentro de lo independiente y lo diferente y lo que no conocés te va a gustar, y que la gente confíe en eso. Eso es para mí lo más valioso del Club. De alguna manera que este proyecto pueda estar en contacto con nosotros a mí me gratifica. Me genera una sensación de compañía muy necesaria. Encontrar formatos de poner en práctica en lo concreto las cosas que a uno se le ocurren es valioso, y que ese proyecto
que es el Club entre en el espacio que yo abrí, me parece maravilloso.
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