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Ezequiel Borra responde

Un artesano de la canción actual

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Ezequiel Borra se toma su tiempo para grabar, pero no porque encare superproducciones hollywoodescas con cientos de invitados o porque le falte material para terminar un disco. En estas respuestas está la clave, la mirada singular de un artista subyugado por la canción que acerca un disco doble y conceptual, una joya de otra época en estos tiempos pragmáticos.

¿De qué manera trabajás para componer y hacer un disco como este?
Aparecieron las canciones de De todos los días durante los mismos años que las de Las cosas del mundo. Grabamos este repertorio de canciones (y otras que quedaron afuera) a partir de la sonoridad del trío Mareadas Cucharas con Martín Pantuso en bajo, Pablo Paz en eléctrica y yo en nylon. Sin embargo algunas, como Tierra, Primero los espejos o Ahora estoy ayer, las comencé a grabar sólo. Ya veníamos tocando en trío parte de estos temas junto a las canciones de Desde el placard, y durante muchos viernes de ensayos nos destinamos a dejar registro de lo que venía pasando con ellos. Al mismo tiempo fui amontonando momentos registrados en solitario, en su mayoría improvisaciones totales de letra y música, en las que después me quedé trabajando mucho tiempo, mientras avanzaba lentamente, pero sin parar, el asunto de las canciones. La cosa se fue dividiendo en dos familias, por un lado Las cosas del mundo, un disco que parte de las improvisaciones, dentro quizá del género de la canción, pero más libre en cuanto a forma, y con otro tipo de desarrollo. Y De todos los días como un disco de canciones en un sentido quizá más tradicional o convencional de lo que uno entiende por canción.

¿Qué idea tenés de la canción y de sus formas?
Siento la canción como el regalo más lindo de la música, el poema de la música, el diamante de la arena, la entidad más perfecta que nos da. Soy amigo, fan, adicto. Las que hago, las descubro casi sin darme cuenta y después las espero casi con temor. Y sé que el poder de una canción es ilimitado. Es como el poder de una oración, de un ritual. Hablo de la canción redondita, económica, contundente, donde se condensa una emoción. En lo experimental, disfruto mucho de las canciones que cambian sin parar, que no vuelven nunca, que cruzan las fronteras. Me interesa esa exploración y me puse más con eso en Las cosas el mundo, pero creo sin proponérmelo. Fue algo en lo que me vi envuelto.  
     
¿Cuál es tu canción favorita?
Mi canción favorita cambia mientras cambia mi vida, mi corazón, mi cabeza. Y casi nunca es una. Es como los vicios, decía Shaw que hay que tener por lo menos dos porque uno es demasiado… Quizá podría recurrir a los primeros amores. Ahora se me viene Te recuerdo invierno de Charly, una canción perdida, último tema de Cassandra Lange. Pero es por decir alguna. ¿Quién puede con Love, de Lennon, o con Piedra y camino, de Atahualpa?

¿Qué tienen estas cosas del mundo de todos los días, que no estén en El placard?
Creo que De todos los días es más parejo que Desde el placard, más direccionado, y con una producción diferente, con menos elementos, con menos caprichos. Y Las cosas del mundo es el más diferente. Ahí me dejé llevar sin saber, en tiempo real. Tiene menos inocencia, más crudeza, densidad, experimentación, surrealismo o neorrealismo si se quiere, menos tamiz. Y fueron cosas que aparecieron como una necesidad que fui descubriendo: registrar momentos y trabajar sobre eso. De repente me di cuenta de que la mayoría de los fragmentos que estaba puliendo y trabajando habían nacido de ahí: improvisaciones sin forma aparente, o con formas que hubo que esmerarse en dilucidar, canciones a medio componer que se terminaron de hacer ahí mismo, reproducciones de improvisaciones, reconstruidas… Respecto del contenido del texto, no puedo explicarlo mejor que en las canciones mismas. En ellas aparecen las cosas mundo como un espejismo que nos tiene obnubilados, y las ganas quizá ilusas de “estar en el mundo sin ser del mundo” como dicen los sufíes.

¿En qué lugar pensás que te pone este disco?
Creo que a mí el disco no me pone. La gente me ubicará donde le parezca porque así somos, nos enjuiciamos, comparamos y clasificamos. Parece que eso dejara tranquila la mente: tener todo aparentemente ordenado. Pero en el fondo sabemos que todas las hojas son del viento… Sólo digo que este disco es mi ofrenda. Espero que los que lo escuchen salgan menos poseídos que exorcizados. Respecto de las bateas y los géneros, creo que vengo a ser un cantautor, pero en las grabaciones atiendo algo que va más allá de la canción en si misma. Lugar, no entiendo respecto de qué. ¡Espero que me pongan en un lugar amigable! 

¿Cómo fue el proceso de grabación? ¿Estaba planificado o fuiste sumando la música a medida que surgía?

En estos discos elegí grabar directamente. Sin clic, sin preproducción, y en el caso de Las cosas del mundo muchas veces sin composición siquiera. De todos los días fue más planificado porque teníamos una lista de canciones que queríamos grabar, y el proceso de registro inicial fue bastante parejo, microfoneando de la misma manera en cada sesión, nosotros puestos en los mismos lugares y con una sonoridad base homogénea. Las cosas del mundo es todo lo contrario. Surge del vacío y del caos. Ahí sí se grabó la música a medida que surgía, o más bien surgía a medida que se iba grabando. Las bases de los dos discos, que se grabaron entremezcladamente durante los mismos años, con los mismos instrumentos y en el mismo cuarto, aparecen como tomas directas, tocando en trío, en De todos los días;  y sólo, cantando y tocando a la vez, en Las cosas del mundo. A esto le sumé años de arreglos, sobregrabaciones y postproducción. En ese sentido el proceso fue similar al de Desde el placard: años manteniendo actuales estas grabaciones, a fuerza de erosiones que las maduraron. En el mejor de los casos… esto creo que terminó de unificar los discos y volverlos complementarios.

¿Qué diferencia existe entre un disco y el otro de esta obra?
Las canciones de De todos los días son canciones primero compuestas y después grabadas, en su mayoría. Tienen una forma un poco más normal y un contenido más lineal. Es un disco de canciones. Las cosas del mundo surgió como una composición cuidadosa sobre una colección de momentos descuidados, donde en temas como Apretado o No soy, así como me ves, quizá lo que más importe no sea la letra en sí misma sino lo que le va pasando durante la canción, al ser pronunciada... El desarrollo es menos horizontal, más vertical, en profundidad. Es algo así como un remix de sí mismo.

¿Cómo recomendás escuchar este álbum?
Para escuchar Las cosas del mundo hay que agarrarse de la silla. De todos los días es más como el título. Espero que resistan la escucha desinteresada, pero la verdad es que son discos hechos con auriculares y lo más lindo es viajarlos así porque tienen muchos guiños en planos escondidos.

¿Te sentís parte de una nueva generación de cantautores argentinos?
Soy. No sé si nueva. Y no sólo cantautores. ¡Estoy rodeado de compositores, inventores de música divina que sacan chispas! Tampoco sé qué significará. Siempre a la distancia se comprende más el valor. La verdad es que hay toda una muchachada que está recolectando unas canciones hermosas. Gente que va modulando lo que le pasa. Y que no escribe las canciones en un escritorio, y que no las graba masticadas para que las digieran más rápido, y que son independientes y sangran lo suyo gota a gota. No me voy a poner a nombrar a todos los que tengo en la cabeza porque son una bocha de amigos que me alimentan con lo que hacen y dicen, y que además me escuchan y me ayudan a escucharme, pero ya que estoy mando que el disco de La Filarmónica Cósmica es lo más, y que pronto se viene el disco de Les Amateurs que es una banda que te despeina, y el de los Astrogauchos de los que soy fan, y el de Polaco Sunshine, que está abriendo caminos en la psicodelia barroca y bizarra de la Argentina. Yo soy uno más entre estos personajes.

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