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Leonardo Martinelli (Tremor)

Un Accidente Musical

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En una charla muy amable el músico nos devela un poco más de su carácter artístico, su aprendizaje, y explica por qué hace lo que quiere, sin ser complaciente ni extremista.

¿Se trata de un collage que fue pensado desde el comienzo?
El concepto de collage viene desde Landing, mi primer disco, como arrastrado en cierta forma, pero es un proceso. Y la verdad que particularmente me interesa en líneas generales. En la mayoría de los laburos que hago, las expresiones puras no me atraen demasiado. Entonces siempre busco la situación de collage, más allá del aspecto sonoro, también en lo conceptual. La cosa de confrontaciones y de claroscuros; en las cuestiones culturales, lo acústico versus lo electrónico, la ejecución natural contra la repetición. El collage es una buena idea y me parece que tiene mucho para trabajar… De hecho, creo que lo que hace interesante a veces a un artista es ese filtro, o la mirada que cada uno le suma. Por que en el fondo estamos todos hablando más o menos de lo mismo, digo emocionalmente. Y en el disco hay mucho de mezcla, en lo sonoro, en lo musical inclusive.

¿Lo compusiste electrónicamente, o hay una composición previa, escrita o tocada?
El disco anterior lo fui componiendo en la computadora, armando ese collage digamos, y los instrumentos acústicos los grabé cuando ya había un escenario musical. En cambio éste disco es a la inversa, es un laburo mucho más emocional, que –a excepción de algunos en particular– la mayoría de los temas empiezan de tocar instrumentos. Por ejemplo el huayno Caracol, salió tocando el charango en un sillón, después obvio que al grabar y empezar a jugar, apareció algún puente, alguna sección que se agregó, pero la melodía principal fue tocada. Y hay temas que tienen riff por ejemplo, cosa que yo nunca hice, me interesaba ver que podía salir con un riff en esta cosa entre acústica y electrónica. Y así, mucho fue tocado.

¿Hiciste una búsqueda particular para la instrumentación, en esa confrontación que mencionas, por lo sonoro, lo tímbrico?
Hubo combinación de cosas; en cuanto a los instrumentos sobre todo me interesaban los acústicos, en este caso. Siento que tienen una rusticidad y una emocionalidad muy especial. Mirá el bombo, el bombo que es cuero, de vaca o de oveja, depende, y es el tronco de un árbol, ¡es algo que tiene un alma tremenda! Y en eso está la rusticidad y una imperfección hermosa. En el collage yo trato de resaltar esas cosas también, a veces en recortes pequeñísimos elijo algunas que técnicamente están mal, o “imperfecciones” desde esa naturalidad del instrumento en si, lo emotivo; también desde lo sonoro o tímbrico esa imperfección le da un carácter único para mi, que es lo que me interesa, no quiero la cosa hi fi en ese sentido. En esa búsqueda me hallo…

Se te vincula directamente con la música electrónica, ¿cuál sería el lugar del disco en esa escena?
Mmm… La premisa con este disco, un poco pensada pero bastante espontánea en realidad, es de cierta visceralidad en cuanto a las emociones, no quería esquivar eso. Muchas veces la electrónica supuestamente le escapa a las melodías o a ciertas situaciones emotivas, como que la cosa pasa más por la repetición, por el timbre, el cuelgue, el viaje, y está fantástico e incluso yo siento que lo transité en Landing. Pero esta vez, por lo que me tocaba vivir personalmente, quería poner el acento en otras cosas. Por ejemplo, temas como Viajante, que es una sasha, tiene su melodía concretamente, hay violines, acordeón. Hay muchos temas que tienen estados de ánimo muy definidos. Entonces creo que no es un disco de música electrónica, para mí en este disco hay un abuso del collage y de técnicas que tienen que ver con lo digital, pero a su vez hay dosis muy altas de instrumentos acústicos, hasta más de lo que parece... Y creo que no es disco de lo que se vende como música electrónica; a un tipo que consume eso no sé si le va a gustar. Es un collage, con mucho de digital. Además, en el fondo los temas tienen estructura de canción, tienen una parte A, una B, una C. También me interesaba esa situación de síntesis y no irme al carajo, por momentos es inevitable dejarse ir… pero en gran medida el disco tiene un trasfondo, es accesible desde ahí, creo. No es como un gran chorro que se va desarrollando hacia la nada.

¿Cómo fueron los procesos de grabación para Viajante?
Pasó por diferentes momentos, primero tenía unos demos, bases y algunas ideas que habrán sido 4 o 5 temas, que yo hice en soledad, pero en el medio se fue armando la banda. Fui a un estudio con Camilo Carabajal, que todavía no era parte del grupo y apenas nos conocíamos. Yo iba con algunos bombos programados que había armado, Camilo tocó y tocó, incluso hizo cosas de más digamos, que después resultaron en un tema que no existía entonces. Con esos bombos me puse a trabajar, y después iba invitando acá a mi estudio casero gente para grabar: el acordeonista, la gaita, la quena, los violines… Pasaba que por ahí estábamos tocando en vivo cosas que aún no estaban definidas, ni grabadas, entonces los temas fueron tomando como energía de grupo. Muchos arreglos o aportes salieron de las tocadas. Son posturas totalmente distintas, sí, el vivo con la banda, y el sonido que yo quería para el disco, pero hubo una influencia y salieron cosas muy buenas, ejemplo: Umbral esta re tocado. A ver, para este disco tenia claro que quería trabajar con gente. No como en los otros; quería abrirlo, me interesaba estar acompañado, quería feedback. Y al mismo tiempo laburar con otros te corre de lugar, porque en el fondo uno, por más que no quiera, tiene una forma de hacer las cosas y pasa que llegas siempre a modos similares de desarrollar las ideas. Trabajar con gente te obliga a correrte de tu foco, y eso suma. Todo se nutre de varios puntos de vista aunque uno lleve la dirección. Siento que aprendí un montón también de todo ese proceso, salieron temas de tocar juntos y le dio otro vuelo al disco, a la música.

El disco tiene su discurso, pero si pudieras agregar algo más personal en palabras, ¿qué querés decirle al mundo con esta música en este momento?
Es complejo pero, a ver: hay un par de cosas en las que sí me interesa aportar un grano de arena. Una, creo que los músicos están muy complacientes, demasiada accesible la mayoría de la producción, y yo no quiero ser parte, digamos. Sé que por ahí me voy a cerrar puertas, que por mis actitudes musicales me saco oyentes, pero para mi es importante no brindar una cosa ya masticada. Otro tema es lo de los prejuicios, algo en lo que trabajo conmigo mismo, es esta cuestión de romper prejuicios culturales, por ejemplo sobre los instrumentos folclóricos en la música folclórica, sobre la música electrónica que hay toda una cosa… Se pueden hacer otras músicas, no es necesario repetir patrones sin saber por qué a veces, y al mismo tiempo lo de buscar en el folclore tiene que ver con la identidad y el lugar de cada uno, pero sin especular. Siento que hay algo un poco especulativo del mercado ya con el nuevo folclore y el tango. Creo que hay que revisar eso, sí, pero tratando de encontrarlo desde uno, ver por dónde le pasa a uno. Yo no hago house fusionado con música andina, es mi mirada y es personal. No sé ni siquiera si tiene que ver con estos tiempos, es lo que a mí me hace vibrar hoy. Entonces esos son los ejes que de alguna manera ahora rescato: una mirada desprejuiciada sobre la cultura de un país, la identidad de uno. Una actitud no complaciente. Y finalmente, esto es más filosófico tal vez, pero no perder la emoción. Me parece importante no dejarla de lado, ni por comercial o facilista, ni al revés, por esa cosa del artista de elite o de snob. Hay que transmitir, movilizar emociones.

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